
Trastorno del Espectro Autista: Señales de Alerta para la Detección Temprana
Trastorno del Espectro Autista: Señales de Alerta para la Detección Temprana Seguramente hayas oído hablar
Hola Papas y Mamas, desde Emocional&Mente queremos compartir con vosotros algunas estrategias fundamentales que os servirán de mucha ayuda en el caso de que vuestro hijo/a adolescente esté sufriendo de depresión.
La información presentada en este artículo tiene un carácter meramente divulgativo y no constituye un diagnóstico, tratamiento, ni sustituye la labor de los profesionales de la salud. Si necesitas ayuda, ponte en contacto con tu psicólogo de referencia.
El trastorno depresivo (o depresión) es un trastorno psíquico y emocional, normalmente recurrente, que suele afectar al estado de ánimo de cualquier persona y a cualquier edad, provocando un sentimiento de tristeza constante y una pérdida de interés en realizar diferentes actividades.
Sin embargo, existen algunas diferencias entre las depresiones en adolescentes y adultos. En lo que respecta al desarrollo, los adolescentes están en una etapa crucial, donde manifiestan tanto cambios físicos como emocionales y sociales. La depresión en esta etapa está influenciada por la presión académica, cambios hormonales y conflictos familiares. Los adultos, por otro lado, pueden enfrentar desafíos relacionados con la carrera, las relaciones interpersonales, la crianza de los hijos y las responsabilidades económicas, además de puede estar relacionada con el estrés crónico y las dificultades en la vida laboral o familiar.
La depresión en adolescentes se caracteriza por estar acompañada principalmente de síntomas psíquicos como:
Ansiedad
Inhibición
Pérdida del placer
Sensación de vacío
Disminución de la comunicación y contacto social
Alteraciones del apetito
Alteraciones del sueño (insomnio tardío)
Agitación
Enlentecimiento Psicomotor
Sentimientos de culpa y de incapacidad
Ideas de muerte e incluso intentos de suicidio
Algunos expertos afirman que existen algunas diferencias en relación a los signos y síntomas de la depresión en adolescentes y adultos, por tanto, vamos a detallarlos a continuación.
La depresión en adolescentes afecta a los pensamientos, a las emociones y la conducta que presentan, provocando problemas emocionales, funcionales y físicos. Algunos de los síntomas de depresión en jóvenes son:
Según numerosos expertos lo preocupante puede ser el cambio del comportamiento normal. Además, factores como cambios hormonales, presiones académicas y conflictos familiares suelen ser desencadenantes comunes en esta etapa de la vida. Los adolescentes también pueden recurrir a comportamientos de riesgo como una forma de enfrentar su depresión, lo que añade una capa adicional de complejidad a su tratamiento y manejo. En esta etapa existe un infra diagnóstico de la depresión debido a la interpretación de la variabilidad de los estados de ánimo como cambios hormonales propios de dicha etapa.
En contraste, la depresión en adultos tiende a manifestarse de manera diferente. En esta etapa los síntomas más comunes son la pérdida de peso, sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad o “vacío”, sentimientos de desesperanza o pesimismo, sentimientos de irritabilidad, frustración o intranquilidad y sentimientos de culpabilidad, inutilidad o impotencia. Las causas subyacentes de la depresión en adultos pueden estar relacionadas con factores laborales, problemas de relación o situaciones de vida estresantes. Además, estos tienden a recurrir a estrategias más internalizadas para lidiar con su malestar.
En relación a la expresión emocional, los adolescentes suelen tener dificultades para expresar sus emociones de forma clara y suelen manifestar la depresión mediante comportamientos rebeldes, irritabilidad o aislamiento social. Sin embargo, los adultos tienden a expresar este trastorno de manera más directa, a menudo comunicando sentimientos de tristeza, desesperanza y falta de interés en actividades cotidianas de forma más clara y abierta.
En cuanto al impacto en el desarrollo, la depresión en jovenes puede tener un impacto en el desarrollo emocional, social y académico, afectando a la capacidad para establecer relaciones saludables, alcanzar metas educativas y desarrollar una identidad personal. En los adultos, la depresión puede influir en aspectos como la carrera profesional, las relaciones de pareja y la calidad de vida en general, afectando la capacidad para mantener un empleo, manejar responsabilidades económicas y mantener relaciones sociales de calidad.
Por último, en lo que respecta a la respuesta al tratamiento, los adolescentes pueden ser más receptivos a la terapia que incorpora actividades creativas, interactivas y centradas en el desarrollo, junto con el apoyo familiar. Los adultos pueden responder bien a enfoques de tratamiento más estructurados, como la terapia cognitivo-conductual o la medicación, combinados con estrategias de afrontamiento y apoyo social.
Según el DSM-5, el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, el diagnóstico de la depresión infanto juvenil se realiza en base a los mismos criterios que los adultos, con dos matizaciones: lo que en el adulto se manifiesta como un estado de ánimo deprimido, en el adolescente puede manifestarse como irritación. En segundo lugar, el aumento o pérdida de peso en este caso no se valora específicamente, tan sólo se considera el fracaso la hora de estimar una ganancia de peso establecida. Además, reconoce varios tipos de depresión, cada uno con características específicas. A continuación, se van a describir los tipos más comunes:
El TDM se caracteriza por períodos prolongados de tristeza, desesperanza y pérdida de interés en actividades cotidianas. Los síntomas incluyen cambios en el apetito y el sueño, fatiga, dificultades para concentrarse y sentimientos de inutilidad o culpa. Para ser diagnosticado con TDM, los síntomas deben estar presentes durante al menos dos semanas y causar un deterioro significativo en el funcionamiento diario.
Caracterizado por presentar un estado de ánimo crónicamente deprimido durante al menos dos años. Aunque los síntomas pueden ser menos intensos que en el TDM, la distimia puede afectar de manera negativa a la calidad de vida y la capacidad para funcionar en la vida diaria. Las personas con trastorno distímico pueden experimentar cambios en el apetito o el sueño, baja autoestima, fatiga y dificultades para tomar decisiones.
Este trastorno está caracterizado por reflejar cambios bruscos y graves en el estado de ánimo, incluyendo episodios depresivos y de irritabilidad o enfado excesivo. A menudo se diagnostica en la infancia o adolescencia y puede afectar la capacidad para funcionar en la vida diaria tal como en las relaciones interpersonales, el rendimiento académico o laboral y la salud emocional.
En este tipo de depresión, los síntomas depresivos están acompañados de síntomas psicóticos, como alucinaciones o delirios. Los delirios suelen implicar sentimientos de culpa excesiva o enfermedad física grave. Este subtipo de depresión mayor requiere un tratamiento específico que aborde tanto los síntomas depresivos como los síntomas psicóticos.
Este se caracteriza por un estado de ánimo deprimido que es particularmente grave y persistente. Las personas que lo experimentan pueden manifestar una pérdida significativa de placer en todas o casi todas las actividades.
Este trastorno depresivo se caracteriza por reflejar una respuesta a ciertas situaciones que mejora temporalmente el estado de ánimo de la persona. Además, los síntomas depresivos pueden fluctuar según la situación.
La depresión puede presentar comorbilidad con otros trastornos mentales, lo que significa que una persona diagnosticada con depresión también puede experimentar otro trastorno mental al mismo tiempo. Aquí hay una descripción de algunas de las comorbilidades más comunes y cómo se diferencian de la depresión:
El Trastorno de Ansiedad es comúnmente comórbido con la depresión ya que ambos trastornos comparten síntomas como nerviosismo, preocupación excesiva y dificultades para concentrarse. Sin embargo, mientras que la depresión se caracteriza por sentimientos persistentes de tristeza y falta de interés, el trastorno de ansiedad se centra más en el miedo y la aprensión.
El Trastorno Bipolar, en este caso, la persona puede experimentar episodios de depresión y episodios de manía o hipomanía, que se caracterizan por un estado de ánimo elevado, excitación excesiva, impulsividad y pensamientos acelerados.
Algunos Trastornos de Personalidad como el trastorno límite de la personalidad, el trastorno de personalidad narcisista o el trastorno de personalidad evitativa, pueden coexistir con la depresión. La diferencia radica en los patrones persistentes de pensamiento, comportamiento y funcionamiento interpersonal que caracterizan los trastornos de personalidad, mientras que la depresión se centra en el estado de ánimo y los síntomas emocionales.
Los Trastornos del Sueño como el insomnio o la hipersomnia también puede estar asociados con la depresión. Mientras que la depresión se caracteriza por síntomas emocionales como la tristeza y la falta de interés, los trastornos del sueño se centran en dificultades para conciliar el sueño, mantener el sueño o despertarse temprano.
Los Trastornos de la Alimentación como la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa pueden coexistir con la depresión. Sin embargo, mientras esta última puede causar cambios en el apetito y el peso, los trastornos de la alimentación se caracterizan por patrones anormales de alimentación y preocupaciones excesivas por el peso y la imagen corporal.
A continuación os ofrecemos 9 estrategias y consejos para ayudar a vuestros hijos adolescentes a prevenir y abordar el trastorno de depresión:
Fomentar una comunicación abierta, es decir, crear un ambiente donde los adolescentes se sientan cómodos compartiendo sus sentimientos y preocupaciones. Los padres deben estar dispuestos a escuchar activamente, sin juzgar, y validar los sentimientos de sus hijos/as.
Una alimentación equilibrada, ejercicio regular y un buen descanso puede ayudar a prevenir la depresión. Los padres pueden modelar estos comportamientos y participar en actividades saludables en familia.
Establecer rutinas y límites para tener una organización en la vida diaria. Por ejemplo, establecer horarios para las comidas, el estudio, el tiempo libre y el sueño puede proporcionar estabilidad y reducir el estrés.
Enseñar a los adolescentes estrategias de afrontamiento como manejar el estrés y resolver problemas, esto puede ayudarles a enfrentar los retos de manera más efectiva. Además, se pueden incluir técnicas de respiración y relajación, o simplemente hablar sobre cómo enfrentar situaciones difíciles.
Buscar ayuda profesional si el adolescente muestra signos de depresión, lo antes posible, es una de las mejores estrategias a adoptar. El trato cercano y profesional de un psicólogo de adolescentes es una poderosa herramienta para solucionar un trastorno de depresión.
Si crees que tus hijos podrían presentar un trastorno depresivo, en nuestra clínica de psicología infantil y adolescentes «Emocional&Mente» podemos ayudarlos, ofreciéndoles apoyo y herramientas para que puedan poco a poco afrontar y resolver esta problemática.
Una vez que se ha diagnosticado la depresión, los padres pueden trabajar con el psicólogo/a para explorar las opciones de tratamiento adecuadas para su hijo/a. Esto puede incluir terapia individual, terapia familiar, medicación (si fuera necesario y recomendado por un médico), o una combinación de ambos.
Participando en las sesiones de terapia, apoyando las recomendaciones de los profesionales y asegurándose de que se sigan las pautas de tratamiento en casa.
Supervisar el progreso y estar atentos a señales de alerta durante el tratamiento y a cualquier señal de empeoramiento de los síntomas.
Comunicarse de manera regular con el psicólogo/a para ayudar a ajustar el plan de tratamiento según sea necesario.
Sin lugar a dudas, el mejor tratamiento para la depresión en adolescentes es acudir a un psicólogo especializado, pues es la única figura profesional que puede abordar esta problemática.

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